Comienza el Cilclo de Conferencias: "Conociendo a nuestros hijos". Haciendo tribu

Este sábado dio comienzo el III Ciclo de Conferencias que llevan por título "Conociendo a nuestros hijos", organizado por la Asociación Besos y Brazos.

La primera del lote, y no ha defraudado en absoluto. José María Paricio nos habló sobre lactancia, un tema en el que se le puede considerar un experto, y sobre el que, según sus propias palabras llenas de gracia y sarcasmo, desde su cese en el hospital de Denia se dedica a conspirar.



"Ahora me dedico a hacer guardias y a conspirar sobre lactancia..."

No haré un resumen de la gran conferencia que fue, porque sería muy complicado condensar tanta y tan buena información. Y también, por qué no decirlo, porque ya lo han hecho otras con gran esmero y sin dejarse ni un ápice en el tintero. Aquí se puede leer.

Pero sí quería escribir y dejar aquí plasmado, que me gustó mucho ir. Y me gustó mucho por todo lo que se dijo y lo que aprendí. Pero lo más importante y lo que más me gustó, es que me sentí muy bien. No sabría muy bien cómo explicarlo, pero cuando entré y me senté, y observé a mi alrededor... no podía dejar de sonreir...

Los seres humanos, en nuestro día a día, nos movemos en grupos, muy diversos y heterogéneos, pero siempre vamos de un grupo a otro. En el trabajo, en el cole de los niños, con la familia, con los amigos de los tiempos de estudiante, con los que has ido haciendo por el camino, en el mercado...

Yo últimamente, en mi día a día, y con el grupo que tengo más cerquita la mayor parte del tiempo, he sentido que estaba fuera, que no encontraba mi sitio, a veces hasta sintiéndome bicho raro, o salmón nadando río arriba y contra corriente, sólo porque haces lo que crees que es lo más natural, lo que es bueno para tu hija y tu familia, lo que me sale de dentro. Al principio porque das la teta demasiado a menudo, luego porque la sigues dando, más tarde porque no te gustan las guarderías, porque quieres que se respeten sus ritmos, porque no estás de acuerdo con los castigos, con las recompensas, y un largo etcétera.

En la mayoría de ocasiones, esto no me suele afectar mucho. Estoy segura de lo que hacemos en casa, porque creo que nuestras decisiones se basan en nuestro instinto, nuestro amor y mucha información contrastada. Pero hay veces que sientes la soledad, y sientes tristeza porque te gustaría que las cosas fuesen de otra manera, te gustaría no estar sola en lo que sientes que es el mejor camino. Y piensas que para conseguirlo algo tiene que cambiar, y para que algo cambie, más personas tienen que ver las cosas como yo las veo.

Y esto es lo que sentí el sábado al entrar en ese salón de actos, y seguí sintiéndolo cuando uno por uno empezaban a hablar. Primero la directora médico del hospital, después los que representaban a Besos y Brazos, el ponente, hasta llegar a las y los asistentes. Era una oleada de optimismo, un horizonte que se abría, porque no había estado antes en una reunión con tanta gente que pensase tan parecido a mi, que actuase tan parecido y que hablase en los mismos términos. De repente ya no estaba tan sola en mis sentimientos, física y emocionalmente. Porque a veces la cercanía física también es importante.

Desde aquí, y sabiendo de antemano que probablemente no llegarán a su destino, me gustaría enviar mil millones de gracias a cada persona que está detrás de la pantalla escribiendo y dando información valiosa y poderosa, que da conferencias, que asiste a ellas, que las ve por internet, que forma grupos de lactancia ayudando y apoyando, sosteniendo a otras personas que estamos aquí, que creemos en las mismas cosas, y que a veces necesitamos de ese soporte para seguir haciendo un mundo mejor, porque de ello cada día estoy más convencida; la crianza con apego y respeto creará un mundo mejor, criará seres humanos con más conciencia de grupo, esa que tanta falta hace en los tiempos que corren, con más respeto hacia nosotros y el lugar que habitamos. Que seguramente los que estamos aquí ahora, no veamos ese gran cambio de paradigma, pero que es necesario que ocurra y que ocurra cuanto antes.

Después de escuchar a José María Paricio, mi visión es positiva, porque su visión también lo es. Desde los ojos de una persona que ha luchado en primera línea y como pediatra, por fomentar la lactancia materna, por un bien muy valioso para la humanidad,como él mismo lo describió, y que después de estudios, encuestas, y mucho mucho trabajo, piensa que algo está cambiando y que estamos recuperando algo que nunca debió perderse. Que las cosas se pueden y se deben hacer mucho mejor.

Ahora me siento un poco más dentro de una tribu virtual, que ya tengo la certeza que no es de mentira, existen y están ahí, son reales y de carne y hueso, aunque yo en mi día a día no pueda verl@s.

Febrero: Pasado el 14 llega el 15...con mas amor...



  

Desde aqui lanzamos nuestra burbujita llena de amor, ternura, calma, paciencia y fuerza ... mucha fueza....


Que el poder de un abrazo, el valor de una caricia y el ahinco del dia a dia, por un futuro mejor, sea bandera de enfermos y familiares,  sanos y afectados en cualquiera de sus grados...





El espejo del alma

Dicen que la cara es el espejo del alma. Hoy es para mi, más cierto que nunca.

Al llegar al trabajo esta mañana, una de las primeras cosas que me han dicho es:

"Madre mía Ángeles...! ¡Qué cara tienes!. Tienes la misma cara que si hubieses estado toda la noche de fiesta, y te hubieses venido de empalme directamente al trabajo."

Nada más lejos de la realidad, he pensado yo... Curiosamente esta noche, Paula sólo se ha despertado un par de veces para tomar tetita y prácticamente ni ha abierto el ojo para ello. Parece que por fin, bronquiolitis, otitis y demás itis que nos han acompañado los últimos días, van dejando paso a la salud y "buen" descanso, y digo "buen" entre comillas porque nuestro descanso sería la tortura de muchos...

Vagamente, mientras daba cuatro cepillazos a mi pelo, me miré al espejo esta mañana. No me paré, por falta de tiempo y sobre todo de ganas, a mirar la cara que llevaba.

Pero así, tal como ven mi cara los demás, así está mi alma. Agotada, cansada, triste, muy triste hoy, y también algo enfadada, por qué no decirlo. Creí que no llegaría el momento de tener que escribir algo así, pero en días como hoy, siento que no puedo más. Mi cuerpo está diciendo "BASTA YA", mi mente también.

Sufro día tras día al separarme de mi pequeña e intento cuando llego a casa, suplir todo el tiempo que no nos tenemos los unos a los otros con todo el cariño, todas las caricias, los abrazos, los besos que no nos hemos dado durante esa parte del día. Le robo ese tiempo a cualquier cosa que también debería hacer, como la limpieza de la casa, la ropa y hasta mi propio cuerpo. En los últimos meses lo único que hago para mi misma es ducharme de manera rápida y fugaz. No me quejo de esto, lo hago porque quiero y porque en este momento de mi vida, me llenan más el cariño y amor de los míos que llevar mis cejas perfectas y el pelo retocado cada día.

Soy una buena persona, me preocupo por el bienestar de los demás, los que tengo cerca, y los que no lo están tanto. Intento hacer todo, lo mejor que puedo y que sé. Y aún así, las discusiones en casa como las de hoy me dejan sin saber muy bien de dónde y por qué me llegan las acusaciones. Pero el caso es que me van minando física y psíquicamente.

Las últimas semanas, por no decir los últimos meses, están siendo muy duros. No me acabo de adaptar a separarme de Paula, y quizá por este motivo esté descuidando otros aspectos de mi alrededor con la vana esperanza de que las horas separadas hagan la mínima mella posible en las vidas de Paula y mía, en su personalidad y en su futuro. Y hasta ahí, y ni un milímetro más, es la parte de culpa que estoy dispuesta a asumir. Siempre, insisto, SIEMPRE me pongo en la piel del que tengo al lado, y más aún si es alguien a quien quiero.

El caso es que lo físico y lo anímico se pelean y se dañan mutuamente en mi cuerpo últimamente. Y temo no tener esa facilidad para reparar lo psíquico, de la que gozo para curarme y repararme del cansancio, los dolores, las contracturas, el dolor de ojos y la pérdida de peso.



Como digo, son días duros. La peque ha estado más malita de lo que venían siendo los simples catarros que pasaban por nuestra vida sin pena ni gloria, y no soporto verla enfermar. Hemos ido de médico en médico viendo impotentes, como le tenían que poner ventolín con una mascarilla mientras le aspiraban mocos con una sonda para testar el maldito virus respiratorio sincitial, que ahora ya conozco más que a mis vecinos.

Supongo que la rabia, la impotencia, el cansancio y el malestar se han mezclado explosivamente unos con otros y los de unos con los de otros hasta estallar.

Espero y confío en que pasada la tormenta llegue la calma como casi siempre pasa...








En el Hospital


Las últimas tres semanas hemos ido un poco de cabeza. Paula se ha traído a casa uno de esos virus con los que convive en la guarde de manera habitual, y que de vez en cuando, se vienen con ella sin permiso y sin invitación a hacernos un poco la vida imposible durante días.

El papá burbujita también ha estado de médicos, con pruebas y más pruebas, como ya contábamos hace unos cuantos post.

Y para rematar, mi sobrina ha estado ingresada dos semanas, intervenida de peritonitis, pasando por una infección importante que nos ha tenido a todos con el pensamiento todo el día en esa habitación en la que se encontraba, del hospital a casa y de casa al hospital. Ya adelanté en esta entrada, en la que hablaba de la NO conciliación con la que vivimos, que con todo este lío había pensado en varias cosas, que escribiría en otro post. 

Y aquí estoy, contando lo que he visto y oído estos días con la hospitalización de  la sobri.

Es un post optimista y esperanzador, por todo lo que hemos vivido, en momentos que ya llevan bastante carga de estrés, miedo, cansancio e incertidumbre, como para añadirle una dosis extra de todo ello, derivado del trato al niño en el hospital.

Todo comenzó cuando al nacer mi pequeña Paula, tuvo que quedar dos días y medio ingresada en la unidad de neonatología por bilirrubinemia, o bilirrubina alta para entendernos mejor. Quedé traumatizada, después de tres días sin parar de llorar, por no poder permanecer 24 horas con mi bebé recién nacido. Por eso, cuando ingresaron a mi sobrina y vi que mi hermana y mi cuñado podían estar a todas horas acompañándola, salvo raras excepciones en momentos muy puntuales, empecé a recordar y a leer de nuevo información sobre los derechos del niño hospitalizado.

Ojalá hubiese sabido más sobre el tema en ese momento, más sobre lo que podía reivindicar como derechos que me pertenecían, que nos pertenecían a los tres.

Ya es demasiado dolorosa para cualquiera la estancia en un hospital, el estar enfermo, el no poder seguir con tu día a día, con tus actividades habituales, pero cuando le toca a un niño es totalmente descorazonador. Es una situación de total indefensión para ellos, de incertidumbre por no entender lo que les pasa y el por qué les hacen daño, por qué ahora no están papá y mamá, y a cambio están continuamente en una cama con ese pijama tan feo y sin sus juguetes, sus libros, sus cosas en definitiva.

Pero lo que he visto estos días atrás no se parece en nada. ¿Sigue doliendo?, por supuesto, me partía el alma ver a mi sobrina enganchada todo el día a sus 3 ó 4 vías, su drenaje, sus pinchazos... pero por suerte, la situación se puede mitigar bastante.

He visto que papá, y sobre todo mamá (por circunstancias laborales), le acompañaban en todo momento, que se le trataba con cariño y respeto, explicándole paso a paso cada cosa y cada tratamiento que tenía que recibir. Habitaciones con dibujos; doctores con artilugios que utilizan en su día a día adornados y de colorines; pasillos llenos de trabajos y dibujos que los mismos niños cuelgan y regalan a sus enfermeras; salas de juegos, de informática; un aula escolar con profesor que les ayuda a no perder sus clases y a su vez a no estar todo el día postrados en la cama; payasos que vienen a la habitación a alegrarles la tarde y hacerles reír; espectáculos de magia...

Como decía, todo esto no hace que disminuya el dolor que te produce verles pasar por una enfermedad prolongada, una operación o un simple análisis de sangre, pero sí ayuda de forma increíble a mitigar la sensación de indefensión de la que hablaba al principio, las faltas de respeto y de sensibilidad que me parecen determinadas actitudes adultocéntricas que he podido ver en otros hospitales y centros.






Como en casi todo en la vida, hay profesionales para todos los gustos y colores, pero tengo que decir, que la norma general es que en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, están comprometidos con el respeto a los derechos que todos los menores tienen desde el momento que entran por la puerta del hospital.






Estos son los derechos del niño hospitalizado, redactados en la carta europea del 13 de Mayo de 1986. Y por tanto los que podemos y debemos reivindicar siempre que por desgracia nos veamos en situación de tener que hacerlo.



El texto publicado en este folleto, en el que han colaborado niños, es una versión de lectura fácil, dirigida a
la infancia, sobre la Carta Europea de los Niños Hospitalizados. El texto original y completo es posible
consultarlo en el siguiente enlace, junto con otros documentos de interés:

http://www.pediatriasocial.com/documentos.htm

Si mucha gente es conocedora de estos derechos, espero y confío en que llegará el día que no se tolere algo diferente. Que en todos los hospitales donde se ingresan a niños y niñas, se hagan respetar todos y cada uno de ellos.





¿Concilia... qué?

Eso, ¿concilia... qué?...

Con esto de tener a la sobri ingresada en el hospital desde hace ya más de una semana, me ha dado por pensar en varias cosas que tienen que ver con la hospitalización de los más pequeños. Unas, las que me ocupan en este post, y otras de las que hablaré en otra entrada para no alargarlo mucho.

Mi madre, es decir, la abuela de la niña, tuvo su permiso correspondiente de tres días (que son dos por ley, ampliado a tres por convenio) por la hospitalización de su nieta, o sea, familiar de segundo grado de consanguinidad. Y a mi hermana, la madre de la criatura, por su primer grado de consanguinidad correspondiente... ¿qué cuánto en este caso?... pues ¡los mismos tres míseros días! que se dan hasta el segundo grado (recordemos que siguen siendo dos, ampliados a tres por su convenio).

La verdad es que nunca me había parado a pensarlo. No había tenido la necesidad afortunadamente. Ahora que se nos ha dado el caso en la familia, lo pienso y me dan escalofríos. Mi hermana ha podido cambiar una semana de vacaciones que se había dejado para las navidades y la ha añadido a los tres días que por convenio le corresponden. Aún así, el viernes finalizará este período. Y como la cosa ha sido complicada y todavía le quedan días de estancia en el hospital, cruzaremos los dedos para que el fin de semana le den el alta, porque si no, ¿cómo se supone que actúa una madre?. ¿Se va a trabajar su jornada de 8 horas dejando a su hija sóla en el hospital con 11 años?.

Francamente, no me parece viable. Un niño ingresado debe estar acompañado por sus padres. Para empezar, si en un determinado momento surge una complicación y hay que intervenirle o hacerle cualquier prueba de inmediato... ¿Quién la autorizará?. No pueden intervenir de forma urgente, tanto si es una prueba médica como una operación quirúrgica, a un niño pequeño sin la autorización de mamá, papá, o en su defecto su tutor legal. ¿Qué pasa entonces?.

Sé que existe una baja para uno de los dos padres trabajadores, cuando el niño padece cáncer u otra enfermedad grave. Lo que no sé es si se ha hecho un listado con las enfermedades que sí son graves y las que consideran que NO lo son. Pero claro, si mi hijo está ingresado porque se le ha complicado una apendicitis a peritonitis, aunque esté grave y para mi sea lo más importante del mundo acompañarle en esos momentos, da igual. Creo que eso no se considera grave. Te aguantas y punto.

Cada día me asombra más lo poco que tenemos en cuenta a nuestros pequeños y el poco lugar que ocupan en nuestras aceleradas y ocupadas vidas. En vez de adaptarnos nosotros a sus necesidades, les obligamos a adaptarse ellos a unas vidas que no son adecuadas para los niños, (en mi opinión tampoco para un adulto pero esa es harina de otro costal...).

La verdad, entiendo que muchas mamás y papás se vean obligados a presentarse en la consulta de su doctor llorando a moco tendido, porque la situación de tener a un hijo ingresado les abruma y supera de tal manera que no son capaces de realizar sus tareas laborales con el rendimiento adecuado, suplicando una baja porque su estado emocional no les permite trabajar en las mejores condiciones. ¿De verdad todo esto es necesario?. ¿No hay mejor manera de hacerlo?.

De nuevo vuelvo a gritar en silencio desde mi pupitre...



Qué vuelta más dura...

Si la marcha fue dura, la vuelta no se ha quedado atrás...

El viernes tarde, en vez de estar preparando maleta y disfrutando de mi niña toda la tarde, tal y como esperaba, tuvimos que estar de urgencias. Papá Burbujita está muy malito del estómago y no podíamos ni queríamos meternos en el fin de semana en el que se tenía que quedar a cargo de la nena, con ese malestar y esos dolores.

Pruebas, análisis y calmantes para el dolor. Nada grave de momento hasta ayer que le hacían colonoscopia. Ahora estamos a la espera de los resultados de las biopsias pero ya nos adelantan ciertas cositas como hernia de hiato, esofagitis y alguna otra cosa más que no nos gustan nada.

El fin de semana pasó tranquilo. Paula estuvo muy bien con su papi. La noche fue algo peor, parece que sí que echamos de menos a mami. Seguro que nada comparado con lo que yo la pude echar de menos... Ha sido dura la primera separación tan larga. Espero que no tenga que haber muchas hasta que vayas a la Universidad Paulita ;-)

Pero hoy la cosa se pone peor todavía. Mi sobrinita Mayte, ¿os acordáis?, la que nos acompañó a la playa, desde ayer ingresada con una apendicitis que se le ha complicado en peritonitis. Ahora mismo, mientras escribo está en quirófano. Estoy nerviosa y muy preocupada, cansada por varias noches de apenas dormir y con ganas de que todo pase y vaya bien.

Desde aquí te envío todo mi amor cariño. Tú eres fuerte y dura como una piedra... Pero sé que estás asustada y no me extraña!, pobreta mía...

Te enviamos una burbuja grande grande de amor y besos que te daremos uno tras otro en cuanto salgas de ese quirófano donde te van a quitar esa apéndice fea e infectada.

Y no puedo decir mucho más hoy. Como digo es un día duro. Las enfermedades y operaciones en los niños son difíciles. Cuesta aguantar el tipo viéndoles asustados e inseguros sin saber muy bien lo que les pasa ni lo que les va a pasar... Mañana más y mejor, ¡espero!

La cajita del "hospi"

La cajita del "hospi" es un proyecto que iniciamos al volver a casa con Paula, y que ya hemos finalizado, cerrado y guardado, para que dentro de unos años los tres podamos recordar y vivir de nuevo esos primeros momentos de la vida de mi pequeña. O más bien, que nosotros los recordemos y ella los imagine..., y pueda sentirlos con la misma intensidad que lo hacemos nosotros cada vez que echamos una mirada a esa caja y sacamos alguna cosa, que sin poder evitarlo nos llena los ojos de lágrimas de emoción.

Como ya he comentado en alguna entrada, mi estancia en el hospital fue muy agradable. Me sentía como en una burbuja en la que entrábamos papá, mamá y Paula, y a donde todo el mundo venía a mimarnos y a cuidarnos. Me sentía protegida, querida y a salvo de cualquier cosa que pudiese hacer mal a mi pequeña. Todo cambió cuando Paula se tuvo que quedar ingresada y nosotros nos vinimos a casita. 

Y yo creo que fue en ese momento, en el que me vi entrando por la puerta y me quedaba mirando todo lo que estaba preparado para ella, mientras yo no podía parar de llorar, cuando empecé a ir recogiendo pequeñas cositas que habían significado algo en el nacimiento y nuestros primeros días. "¡Esto lo guardo de recuerdo!" decíamos cuando íbamos encontrando algo que queríamos conservar. Y lo fuimos metiendo todo en esa cestita que supongo no será la definitiva. Buscaremos una caja con tapadera y a la que pondremos el cartel:

"LA CAJITA DEL HOSPI"

Y hoy, después de tiempo pasado y pensando en que este proyecto tiene que ser ya cerrado, he aquí cómo ha quedado.


Y los objetos que hasta hoy hemos reunido son:

- El CD de la eco 4D que tanta ilusión nos hizo en su día. 
- El CD con todas las fotos que le hicieron en el hospital (una fotógrafo muy maja que nos pilló un poco a traición y que vino con un álbum tan bonito, que no nos pudimos resistir).
- La etiqueta del "peazo" jamón ibérico que te regaló tu abu Juan para que te lo fueras poco a poco comiendo por la tetita de mami !! je je je
- La cajita con los primeros pendientes que te pusieron en el hospital (de lo que por cierto me arrepiento un montón... haberte hecho llorar sólo para que tengas pendientes...).
- Los pendientes que te trajo tu abu Paloma que aún no has estrenado porque te vienen de momento un poco grandes.
- La medallita que a papá le regalaron por escribir a Nestlé, en forma de osito y con tu inicial y tu fecha de nacimiento grabada.
- El gorrito que te pusieron al nacer para que no perdieras calor por la cabecita.
- La pinza de tu ombliguito, que cuidamos con tanto esmero hasta que se cayó. 
- Las pulseras con nuestros datos que mamá llevaba en la muñeca y tú en el tobillo.
- El medio disfraz de enfermero que le pusieron a papi para entrar al paritorio.
- Un body talla prematuro que te ajustaba a la perfección y que ahora cuando lo miro no sé ni como te entraba un brazo.
- Un dodotis del tamaño de pulgarcito y que entonces hasta te sobraba un poco.
- Un décimo de lotería que compramos en el hospi de Navidad para toda la familia ¡por si acaso venías con un pan debajo del brazo! El 71619.
- Y una mini-bolsita con nuestro nombre y apellido, con los calmantes que le traían a mamá los primeros días que el dolor era ... uf... ya ni me acuerdo... ;-))

Algunas de estas cosas, merece la pena verlas de cerca...

El mini body, el gorrito (que en realidad es una venda de compresión con un nudo en un extremo) y el dodotis que ocupa más o menos lo que la palma de mi mano.
Aquí están las pulseritas y la pinza del ombligo de mi bebé, que perdió enseguida que vinimos a casa.

Y aquí los guantes y gorrito del papá para entrar a quirófano. Madre mía! falta la mascarilla!

Y llena de emoción y lágrimas acabo el post de hoy, mientras te miro Paula en este momento, como duermes a mi lado en el sofá. Te quiero, te quiero, y mil veces te quiero.





Matronasur - Profesionalidad y Ternura



Siempre he disfrutado mucho de los preparativos (de todo, en general); de los de la boda, de los viajes,... Pero, sin duda, de los que más he disfrutado han sido de los preparativos durante el embarazo, esperando a que llegara Paula.

Por eso teníamos tanta ilusión en empezar las clases de Preparación al Parto. Eran una oportunidad de prepararte e informarte de todo lo relacionado con el nacimiento, con lo que llevábamos soñando tanto tiempo.

No buscamos ni comparamos en más sitios, puesto que nos parecía una buena idea tomar las clases en el propio hospital en el que íbamos a dar a luz, y así conoceríamos parte del personal que nos atendería en el gran día.

Ahora sé que fue una gran elección. No llevábamos ninguna idea preconcebida y eso es bueno, pero cuando empezamos el primer día, enseguida nos dimos cuenta que lo que nos contaban encajaba a la perfección con lo que nosotros pensábamos respecto al parto y la crianza. Se notaba en todo momento que apostaban por un parto humanizado, en el que la mujer es la protagonista, la que decide y es dueña de cómo quiere que transcurran las cosas. Otro tipo de parto es posible, distinto al que se viene ofreciendo de manera sistemática en los centros sanitarios. Hay otros métodos de alivio del dolor menos agresivos que la epidural para la mamá y el bebé, como pueden ser el yoga prenatal, del que nos dieron una clase muy bonita e interesante para que luego pudiésemos practicar todos los días en casa y el día del parto. Apuestan claramente por una crianza natural, con apego y con respeto, y eso es lo que te transmiten cuando te hablan de los cuidados al bebé en sus primeros días y primeros meses.

De todo esto, te das cuenta el primer día en la primera clase. Pero mucho más allá de las clases, te das cuenta según pasan los días, que detrás hay personas que además de grandes profesionales derrochan ternura y humanidad en todo momento. Están dispuestas a ayudarte y aconsejarte en todo lo que necesites, dentro y fuera de las clases; antes, durante y después del parto. De esto puedo dar fe. He sufrido alguna que otra complicación con mi episiotomía y algunas dudas con la lactancia, y cuando les he llamado me he sentido atendida con inmediatez, cariño y respeto.

En mi parto, que no fue todo lo natural y humanizado que seguramente sería deseable (pero ese es otro cantar), tuve la suerte de contar con Antonio y Alberto como matrones, que me atendieron con mucho cariño, mucha calma, quitando miedos y transmitiendo una paz que nadie sabe como necesitaba. Nada más nacer mi niña, Antonio se tomó su buen rato en enseñarme cómo era la mejor forma de iniciar cuanto antes la lactancia y las mejores posturas para las dos. Funcionó a la perfección, desde el primer día.


Lo cierto es que trabajan dentro de un hospital, con unos protocolos y unas normas que en última instancia marcan los médicos. Yo deposité en este centro mi confianza para el nacimiento de Paula, porque me ofrecía garantías, porque teníamos algún conocido al que no le ha ido mal y porque mi Doctora (María Dolores Higueras Conde), que ya me veía desde hace dos años, me inspira confianza y seguridad. Dicho esto, estoy segura de que habría cosas mejorables en mi caso y que hubiese preferido de otra manera, pero lo que sí puedo afirmar es que en un parto, una parte muy importante depende y es responsabilidad de la matrona o matrón, y que en este sentido a Matronasur les pongo un 10.

Desde aquí, gracias. Por el antes, el durante y el después.

Para acabar, me gustaría detallar a continuación para que quede más claro lo que es y a qué se dedica esta empresa, lo que SÍ VAS A ENCONTRAR SI ACUDES A MATRONASUR y lo que NO VAS A ENCONTRAR SI ACUDES A MATRONASUR:

LO QUE SÍ VAS A ENCONTRAR:
- Atención personalizada.
- Línea pro parto natural y pro crianza natural.
- Respeto por todas las opciones que elijan los papás respecto al nacimiento.
- Información abundante y de calidad sobre lactancia materna.
- Alternativas a las prácticas más extendidas hoy en día en cuanto a atención al parto y crianza.
- Información y alguna clase sobre yoga pre y postnatal.
- Atención en el post parto y resolución de cualquier duda que pueda surgir.
- Clases participativas y que invitan al diálogo respetando todos los puntos de vista.


LO QUE NO VAS A ENCONTRAR:
- Macroclases en las que estamos todas las mamás sobre colchonetas haciendo gimnasia mientras alguien anima el cotarro: ¡¡Arriba gorditas!!
- Clases teórico-prácticas sobre cómo cambiar un pañal y bañar a un bebé.
- Clases enteras practicando la respiración en cada contracción dando directrices de cómo actuar en cada momento.
- Clases magistrales en las que el ponente habla y el resto toman apuntes sin parar.
- Imparcialidad respecto a la lactancia y la crianza.

A continuación dejo el enlace a su web, no dejéis de visitarles :




¿Mi bebé tiene escarlatina?

Pues afortunadamente no!

Pero esta mañana su pediatra quiso descartar la posibilidad. En realidad hemos ido para una revisión rutinaria, la de los 5 meses, que como podéis ver en la entrada de ayer Paula acaba de cumplir. Pero he aprovechado para comentarle de pasada que ayer por la tarde, le había salido un pequeño sarpullido en el muslo y un poco en la tripita. Era un sarpullido con puntitos rojos y la sensación al tocar la piel era de aspereza y rojez en la zona.

Yo no le dí mucha importancia y la Doctora tampoco se la ha dado, pero me ha dicho que a pesar de que es muy pequeña y que no había tenido fiebre, mejor le hacíamos la prueba tomando una muestra de la garganta, para descartar que pudiese ser escarlatina, que era la única enfermedad infecciosa que podía coincidir en algo con ese tipo de sarpullido.

La escarlatina es una enfermedad contagiosa en la que aparece una erupción cutánea (puntos rojos brillantes) que se va extendiendo desde el pecho y la nuca hasta todo el cuerpo. Suele acompañarse de amigdalitis con dolor de garganta, fiebre, pérdida de apetito, vómitos, abatimiento y dolor de estómago (debido éste a la inflamación de los ganglios abdominales).

La verdad es que ninguno de los síntomas los tenía mi bebé, excepto el sarpullido y tampoco es que fuese de esa forma. La edad de mayor frecuencia es en los niños en edad escolar y adolescencia, (tampoco es el caso) y sobre todo en primavera e invierno.

La enfermedad la produce una bacteria (estreptococo hemolítico A) y se trata con antibióticos.

Después de que la pediatra me informase bien de todo esto y de cómo deberíamos proceder si el resultado era positivo, aunque lo cierto es que ha reiterado que era simplemente por descartar, puesto que Paula es muy pequeña y todo apuntaba a una simple irritación por sudor o por el pañal; nos hemos ido al laboratorio donde a mi pequeña le han metido dos bastoncillos que a mi me han parecido inmeeeensos hasta lo más hondo de su gargantita para tomar la muestra y dejarla con un berrinche y cabreo importantes, sumando a la molestia de hurgar y rascar en su boquita, que tenía un hambre considerable y estaba como loca por engancharse a su tetita.

Con estas dos muestras nos han hecho un test rápido que ha dado negativo y un cultivo que nos darán en una semana. Y con esto nos hemos vuelto para casa, para comprobar que la erupción ya casi ha desaparecido y a lo mejor nos podríamos haber ahorrado la dichosa prueba... Pero bueno, a veces descartar posibilidades, aunque sean remotas, de lo que podría convertirse en algo grave puede salvarnos de un buen susto.


Maldita bilirrubina

Sí, maldita bilirrubina. Eso es lo único que pienso cada vez que me acuerdo de esos tres días que mi ratoncita tuvo que pasar ingresada en neonatos con su lamparita encima como si tomara el sol en Ibiza.

Voy a hacer primero un pequeño resumen para explicar de qué va todo esto, por si pudiera ayudar a alguien, y después contaré cómo lo vivimos nosotros y como procedieron en el hospital en nuestro caso.

La ictericia del recién nacido es el color un poco amarillento de la piel que se les suele poner los primeros días después del nacimiento causado por el exceso de bilirrubina y que en la gran mayoría de los casos no conlleva ninguna gravedad. La bilirrubina es la sustancia que se produce en el organismo por la descomposición normal de los glóbulos rojos, que en los recién nacidos se produce más al haber mayor renovación que en los adultos.

Pero lo que no es tan sabido, es el hecho de, que el hígado tarde un tiempo en funcionar al cien por cien no es tanto un fallo, si no que tiene su explicación. La bilirrubina es mala para el adulto, pero actúa como antioxidante en el recién nacido. Estar un poco amarillito aunque no en exceso, no es malo para el bebé.

Esta información, que no es tan usual encontrar cuando se busca documentación sobre este tema, la he extraído del libro del reconocido pediatra Carlos González, "Un regalo para toda la vida". Aquí nos explica que lo que llaman la "ictericia de la lactancia" (debido a que la leche materna que es muy sabia, contiene una sustancia que favorece la desconjugación de la bilirrubina en el intestino, y por tanto la aumenta) debería ser en realidad "ictericia por falta de lactancia". En los bebés que se alimentan con pecho, la ictericia dura por esa razón un poco más que en los que se alimentan con biberón; pero en la mayoría de los casos no hay que hacer nada, excepto dar el pecho, dar el pecho y volver a dar el pecho, para que el bebé elimine la bilirrubina por las heces.

Pero también hay otras posibles causas de la bilirrubina alta en el recién nacido, aunque más inusuales, como problemas de RH y del grupo sanguíneo, problemas del hígado, infecciones,... Los pediatras observarán al bebé y deberán ser los encargados de determinar si hay o no un problema. Como los bebés se van tan pronto a casa, también las mamás y papás debemos observar si en los primeros días nuestro bebé se va poniendo más amarillito.

Si consideran que los niveles son muy altos, tendrán que recibir tratamiento que suele ser la exposición a una lámpara de fototerapia 24 horas que actúa sobre la piel destruyendo la bilirrubina.


Según el Dr. González, no es necesario ingresar en la Unidad de Neonatos para recibir este tratamiento, se puede y se debe llevar a cabo en la habitación junto a la mamá, ya que es muy necesario que tome pecho muy a menudo. El Doctor nos anima a que insistamos para que nos lo permitan.

Nosotros no lo sabíamos. Y nos hubiera gustado saberlo.

Cuando estás esperando la noticia de que puedes irte a tu casa a empezar una nueva vida con tu bebé, pero cuando viene la pediatra lo que te dice es que tú te vas, pero tu bebé se queda ingresada, y que tú, no sólo no te puedes quedar a su lado, si no que además sólo la puedes ver cada tres horas por el día, y nada por la noche, se te parte el alma. No había consuelo para mi. Sólo podía llorar. 

Los tres días que finalmente Paula pasó ingresada con la dichosa lamparita, porque en un principio no nos dijeron cuánto tiempo sería, fueron horribles. Yo tenía unos dolores insoportables en la zona de los puntos que no hacían más que empeorar con el ajetreo de pasar todo el día entero caminando por el hospital como alma en pena, "malcomiendo" y desesperada sin poder parar de llorar pensando en que otra vez iba a llegar la noche y tendría que dejarla allí, en su cunita de cristal, con el antifaz en los ojos y sin mis brazos, mis caricias, el pecho...

No quiero extenderme demasiado en este dolor, que probablemente mucha gente no entienda. Sólo quería hacer este post para dar un poco de información sobre esto y a ver si empezamos a ser muchos papás los que saben que no es necesario separar a los bebés de sus mamás, algo que puede tener muchas consecuencias para ellos; y cuando seamos muchos los que reivindiquemos lo que parece más normal, a lo mejor empiezan a cambiar las cosas.

Los primeros días de Paula

Paula midió 45 cm. al nacer y pesó 2.410 kg. Y a pesar de ser lo que los médicos llaman un "bajo peso" y nacer tres semanas antes, no tuvo que estar en incubadora porque estaba sana como una manzana.

Sin subir todavía a la habitación Paulita ya estaba enganchada a su teta; y ese fue el principio de una lactancia feliz y exitosa en todos los sentidos. A las dos nos encanta! Es como si de alguna manera el pecho fuese la continuación del embarazo y lo que permite que se siga alimentando de mi.

Cuando subimos a la habitación allí nos estaba esperando la family, y eso que debían ser algo así como las 3 ó 4 de la madrugada! Que emoción! Paula les recibió con sus ojazos abiertos a más no poder y con cara seria y el ceño fruncido! (como decía mi madre), qué rica! seguro que estaba pensando... "pero porque me cogen y me separan de mi mami y de su teta!!

Perdió 200 gramos en los primeros tres días, pero enseguida empezó a subir de nuevo. Madre mía!, mi ratoncita... Era tan pequeñita...


En el hospi tengo que decir que todo fueron buenas atenciones, cariño y un trato profesional inmejorable. (Exceptuaría a la pediatra que la visitó los dos últimos días que  aunque no dudo de su profesionalidad, sí que se aleja bastante de lo que en ese hospital es la norma en cuanto al trato con el paciente).

Puede parecer algo raro, pero yo estaba encantada! Mi pequeña y yo, atendidas en todo momento, mi peke (Ricky) con nosotras las 24 horas, la familia y los amigos no paraban de venir a vernos, y los que no podían venir no paraban de llamar, traían cositas a Paulita, y a mi bocadillos de jamón y lomo!! mmm... que buenos!! Vamos, que yo estaba encantada, de verdad. Eso sí, si no fuera por los dolores tan horrorosos que tienes a todas horas y que no se pasan por muchos calmantes que te den y te inyecten! Lo de la episiotomía y los puntos es una de las peores cosas por las que he pasado...

En resumen, no sé si son las hormonas, el cariño de todo el mundo o tener en tus brazos a la cosita más linda de este mundo (y digo literalmente en brazos porque creo que no la solté en todos los días que estuve en el hospi, excepto cuando la cogían los demás, o su papi, o se la llevaban para alguna prueba), pero yo estaba feliz, pletórica, emocionada y con las lágrimas a flor de piel todo el tiempo.


Y desde los primeros días empecé a sentir que no podía separarme de ti, y que hasta cuando te llevaban 5 minutos a hacerte las dichosas pruebas, me quedaba aguantando las lágrimas (o a veces sin aguantarlas) hasta que volvías.




Parto paterno (parte 3)

Llegada la dilatación a punto álgido (9cms. de larga y tortuosa lucha) es momento de ponerse el gorrito y mascarilla además de la bata 'de medico' y las pantuflas de plástico que llevas desde hace horas.

Fuera epidural y de nuevo la cama se pone en movimiento, pero esta vez... hacia el quirófano...

Puedes ver nuestra  versión del parto vía SMS en :
El parto vía SMS.

Debo confesar que solo el recuerdo hace que se me ericen los pelos, nunca había percibido una sensación tan especial, tanta emoción, tanto calor humano, tanta magia, dolor, ilusión... amor... mucho amor...

La cabeza asomaba, mi bebé quería nacer... vi su cabecita asomando, abriéndose camino hacia la vida exterior, su madre concentrada, sorprendentemente deslumbrante, dando a luz a nuestra pequeña--- no olvidaré nunca esta imagen, que a fuego quedará por siempre anclada a mi en lo mas recóndito de mi ser, mi bebé viniendo al mundo y su madre, con ojos vidriosos clavando su mirada en la mía, compartiendo un momento sin igual, unidos los tres, firmando un contrato con vida que seguro nos deparará  la mayor de las alegrías.


Os quiero tanto ... 








Parto paterno (parte 2)


Recuerdo la espera en aquella solitaria y fría sala de Urgencias... me parecieron horas interminables. Apenas estábamos allí la la máquina de los cacahuetes, la recepcionista y yo.
Habían pasado enseguida a Ángeles y yo debía esperar fuera.

Separados por un muro de hormigón ella esperaba paciente, y seguro que un poco muerta de miedo, mientras la monitorizaban. Yo desesperaba al otro lado sin noticia de alguna clase.

Colgaba pinchada la via en el brazo, paliducha y un tanto desencajada aparecía por fin tras la puerta mi gordita embarazada, decía con voz temblorosa :
'Que me  dejan ingresada'.

Era hora de avisar a la familia, madrugada del día 28 y móvil en mano llamamos todavía temblorosos a dar la noticia del ingreso. Ya escuchábamos gritos de júbilo y alegría por el teléfono... !que ya viene!, !que quiere salir ya! y nos imaginábamos a todos corriendo de un lado para otro compartiendo nuestro nerviosismo.

Ya en la habitación asumimos un poco mas la realidad. Ángeles había expulsado el tapón mucoso y la sabia naturaleza manda ahora sobre su cuerpo. La monitorización ha ido bien y todo parecía bajo control además la familia ya estaba allí para arroparnos en todo momento.

Un enfermero hace entrada en la habitación allá hacia las ocho de la mañana, 'nos bajamos a dilatación', nos dice y así tomamos rumbo hacia los boxes de la planta inferior. Las ya conocidas caras de nuestros matrones aparecen por allí, fue un gran alivio y un empuje reconfortante ver a Antonio por allí.

De trato cercano, exquisito y sincero, de forma, formal, amena, dando esa seguridad que tanto necesitas en esos momentos, dejando entrever ese aire de complicidad. De un tu a tú que te llega, con serenidad y un saber hacer, propio, avalado por largos años de experiencia y profesionalidad. Esto y mas eran nuestros matrones. En especial Antonio y Alberto, gracias a los dos.

Exploración viene, exploración va, la maquinita muestra los latidos y monitoriza sin cesar las contracciones.
De pronto te descubres embobado mirando la susodicha gráfica que sale de que aparatejo, y piensas... esas curvitas tan rítmicas y puntiagudas que venían saliendo desde hace rato están desapareciendo ¿que ocurre?

Pues ocurre que las contracciones parecen haber dado un respiro a la futura mamá que ya sube, siendo la hora de la comida, camino de la habitación. 'Te mantendremos vigilada y esta noche la pasarás aquí ingresada, mañana te monitorizamos de nuevo,pero si no vuelven las contracciones mañana por la mañana te mandamos a casa'. 'Nada de eso', debió pensar Paula desde la tripita y sin mediar palabra recuperó fuerzas y allá hacia las 8 de la noche sacóse la agujita que celosamente guardaba para sí y plas! pinchó la bolsa amniótica como quien explota un globito de aire.

Corre que te corre a buscar a las enfermeras, segundos o minutos que parecen una exageración (da la impresión de que el bebé va a asomar en cualquier momento), por fin aparece el celador y allá va la gordita, montada sobre esa enorme cama de hospital, que parecía no poder pasar por la puerta, recorriendo los pasillos de camino al montacargas.

Ha pasado tanto tiempo desde que entramos por la puerta de Urgencias que ya ni sirve mirar el reloj, ha dado tiempo a que se produzcan dos cambios de turno en el personal del hospital desde entonces, y ahí está de nuevo nuestro matrón Antonio.

Nuestra ginecóloga, ya preparada, pasa por allí, está el anestesista, las enfermeras y matrones y otras tantas parturientas ocupando el resto de boxes y Ángeles se mantiene firme, los dolores son agudos, su carita refleja el dolor que sus labios no le permiten expresar, pero está contenta, está feliz, sabe que dentro de nada tendrá a su pequeña entre los brazos y eso le da fuerzas para seguir. Yo procuro ni respirar, mantenerme allí a su lado, atento a cuanto pasa, preparado para lo que ha de venir.... todo parece listo.


Parto paterno (parte 1)


Era allá por la, ahora lejana semana 37 y teníamos ya las citas para 'monitores', esto es algo que personalmente siempre me había llamado la atención, era como saber 'un poquito más' de la pequeña, escuchar su corazoncillo, ver los ritmos cardiacos y su frecuencia, el estado de las contracciones...,saber en definitiva, que todo va bien ahí dentro cuando el nacimiento se acerca.

Nadie podía imaginar que Paula llegaría antes que cualquiera de estas citas...

Fué en un momento de duermevela, pensando en el madrugón que me tocaba, encarando el duro comienzo de semana. Ángeles no paraba quieta, me acuesto, me levanto... los viajes de ida y venida al baño eran constantes. Inflada cual pelota sobre barcas a la deriva se contoneaba en su largo ir y venir.

Recuerdo que habíamos estado fuera toda la tarde del Domingo, habíamos pasado por casa de la Beli para echar una mano con su mudanza y nos habíamos dado una buena paliza. Ya de vuelta en casa, cabezota de mí, no cesé en el empeño de dejar preparada la maleta del hospital. Era algo que habíamos estado dejando pasar por unas cosas y otras, pero ya le había puesto fecha límite y tenía que cumplir... así soy yo.



Daba vueltas en la cama, el sueño me podía y el Lunes se encaramaba sigiloso mientras una voz me decía...
'Peke, estoy manchando, hay que ir al hospital'.


Tengo carnet de conducir desde recién cumplida la mayoría de edad, y cuando llevas a una parturienta de camino al hospital poco o nada importa si llevabas casi desde entonces sin conducir. 


Meter la maleta del hospital,todavía caliente y recién terminada en el coche fué todo un shock.
¿Y si no nos hubiera dado por hacerla aquella misma tarde?...

La oscura noche se cernía sobre la carretera, la Luna dibujaba claros y sombras a nuestro paso y aquello que parecían contracciones se aceleraban rítmicamente en el tiempo. No tardamos demasiado en llegar a nuestro hospital en Alcorcón, apenas nos cruzamos un par de coches en nuestro camino.

El ambiente era sosegado e increíblemente estabamos bien (vamos, que solo estábamos 'un poco histéricos'...) 'Es muy pequeña, es que es muy pequeña' repetía Ángeles entre contracciones...

La preocupación me comía por dentro, todavía nos quedaban 21 días para salir de cuentas (casi un mes!) y la idea de que Ángeles estaba manchando me erizaba los pelos, dolores síncronos y rítmicos que aceleraban su aparición a cada pocos minutos y un mar de dudas inundaban mi mente... ¿Estaba bien nuestro bebé? ¿de verdad estábamos de parto? ¿Estaba todo bien? y otra vez nos veíamos entrando por la puerta de Urgencias...




Y llegó el día... el gran día! (parte 1)

Y como todo llega... y Paula tenía muchas ganas de conocernos, a las 37 semanas justas, y tres semanas antes de la fecha esperada, nos dio su primer aviso la princesita.

Domingo 27 de Noviembre, y tras una jornada de mudanza en casa de "la Beli" (mi abuelita que se ha mudado a Valmojado para estar mucho más cerca de todos); a las 3 de la madrugada del Lunes me era imposible dormir, me encontraba fatal y me empiezan a dar unos dolores bastante fuertes que yo confundía con retortijones... Me levantaba cada dos por tres al baño (cada vez que me daba un dolor), hasta que una de las veces vi que estaba manchando bastante, volví a la habitación y le dije al peke, "nos tenemos que ir, estoy manchando y me duele mucho". Sospechando ya que esos dolores no eran retortijones si no contracciones, empezamos a calcular los intervalos y mis nervios se pusieron a 1000 por hora, cada 6 minutos!!! Me temblaban las manos, las piernas, el cuerpo entero! no podía ni hablar. Menos mal que llamémosle casualidad o un sexto sentido, ese día cuando volvíamos de casa de la Beli, habíamos decidido dejar la bolsa del hospi preparada de una vez por todas, por lo que pudiera pasar... Y pasó! Y menos mal que el peke hizo alarde de una tranquilidad sorprendente (supongo que verme a mi en el estado en que estaba le ayudó a conseguirlo...) y cogió el coche, las bolsas, la carpeta de los médicos y a mi por supuesto (je je) y salimos pitando.

No sin antes haber despertado a la family para comunicarles que Paula estaba en camino! Mi madre me dice que no llame a mi hermana, que era muy tarde y que ya le avisará ella. Menos mal que no hago mucho caso y aún así le llamo. Mi hermana me dice que ya avisa ella a mi padre y hermano. Ricky avisa a sus papis que yo creo que con un poco de incredulidad nos recomiendan mucha calma y paciencia. Genial, ya estamos todos!!! VAMONOSSSS!!!!!

CONTINUARÁ....



Y llegó el día... el gran día! (parte 2)

Como buen aviso de parto típico, se tuvo que presentar de madrugada... Y menos mal! porque no había nada nada de tráfico y el campeón de Ricky llevó el coche como si llevase conduciendo toda la vida... Un 10 para ti amor!! Por el camino, las contracciones se iban acelerando cada vez más y eran muy regulares, creo que no había duda, Paula estaba a punto de llegar! Qué emoción, madre mía! ni siquiera puedo expresar lo inmensamente emocionada y feliz que estaba. También tenía mucho miedo; miedo porque Paula todavía era muy chiquitita y temía que algo le pudiera pasar. Todavía se me llenan los ojos de lágrimas y se me ponen los pelos de punta cuando lo recuerdo. Y es que he de decir que también tenía un poco de pena... Se acababa el embarazo, se acababa tenerla dentro de mi y a salvo de todos los males... Se acababa el sentir las pataditas por la tarde los dos, mientras alucinábamos viendo subir y bajar la tripa (como bien se aprecia en otra de las entradas del blog!) y se acababa también una de las etapas más maravillosas que he vivido y que tanto tiempo se había hecho esperar. Eran tantas emociones juntas que no tendría blog suficiente para contarlo.

Urgencias con poco trasiego, me hacen pasar casi inmediatamente, me ponen una media hora en monitores para comprobar que no hay sufrimiento fetal y ver cómo van las contracciones. Paula está un poco dormida y le tienen que dar varios empujoncitos para despertarla y ver, tal y cómo me explicó la doctora, que su ritmo cardíaco oscilaba arriba y abajo, pues así es como debe ser si ella está bien. Después de los monitores y viendo que las contracciones son leves pero regulares, la doctora me explora para ver la dilatación (estos van a ser unos de los momentos más dolorosos de todo el parto, sin exagerar!). Estoy dilatada de 1 cm., he expulsado el tapón mucoso (lo que tapona la entrada al útero y protege al bebé del exterior y de posibles infecciones) y me dejan ingresada, me darán habitación y dejará orden dada para que si no hay novedad hasta entonces, a las 8 de la mañana me preparen y me bajen a dilatación.



Salgo fuera y le cuento toda la retaila a Ricardo que ya estaba de los nervios esperando fuera, me cogen una vía y para arriba directos, ¡habitación 410!. Llamamos a la family que ya están de camino dispuestos a acompañarnos hasta el final!

Entre unas cosas y otras ya nos hemos puesto en las 6 de la mañana.


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