Parto paterno (parte 3)

Llegada la dilatación a punto álgido (9cms. de larga y tortuosa lucha) es momento de ponerse el gorrito y mascarilla además de la bata 'de medico' y las pantuflas de plástico que llevas desde hace horas.

Fuera epidural y de nuevo la cama se pone en movimiento, pero esta vez... hacia el quirófano...

Puedes ver nuestra  versión del parto vía SMS en :
El parto vía SMS.

Debo confesar que solo el recuerdo hace que se me ericen los pelos, nunca había percibido una sensación tan especial, tanta emoción, tanto calor humano, tanta magia, dolor, ilusión... amor... mucho amor...

La cabeza asomaba, mi bebé quería nacer... vi su cabecita asomando, abriéndose camino hacia la vida exterior, su madre concentrada, sorprendentemente deslumbrante, dando a luz a nuestra pequeña--- no olvidaré nunca esta imagen, que a fuego quedará por siempre anclada a mi en lo mas recóndito de mi ser, mi bebé viniendo al mundo y su madre, con ojos vidriosos clavando su mirada en la mía, compartiendo un momento sin igual, unidos los tres, firmando un contrato con vida que seguro nos deparará  la mayor de las alegrías.


Os quiero tanto ... 








Parto paterno (parte 2)


Recuerdo la espera en aquella solitaria y fría sala de Urgencias... me parecieron horas interminables. Apenas estábamos allí la la máquina de los cacahuetes, la recepcionista y yo.
Habían pasado enseguida a Ángeles y yo debía esperar fuera.

Separados por un muro de hormigón ella esperaba paciente, y seguro que un poco muerta de miedo, mientras la monitorizaban. Yo desesperaba al otro lado sin noticia de alguna clase.

Colgaba pinchada la via en el brazo, paliducha y un tanto desencajada aparecía por fin tras la puerta mi gordita embarazada, decía con voz temblorosa :
'Que me  dejan ingresada'.

Era hora de avisar a la familia, madrugada del día 28 y móvil en mano llamamos todavía temblorosos a dar la noticia del ingreso. Ya escuchábamos gritos de júbilo y alegría por el teléfono... !que ya viene!, !que quiere salir ya! y nos imaginábamos a todos corriendo de un lado para otro compartiendo nuestro nerviosismo.

Ya en la habitación asumimos un poco mas la realidad. Ángeles había expulsado el tapón mucoso y la sabia naturaleza manda ahora sobre su cuerpo. La monitorización ha ido bien y todo parecía bajo control además la familia ya estaba allí para arroparnos en todo momento.

Un enfermero hace entrada en la habitación allá hacia las ocho de la mañana, 'nos bajamos a dilatación', nos dice y así tomamos rumbo hacia los boxes de la planta inferior. Las ya conocidas caras de nuestros matrones aparecen por allí, fue un gran alivio y un empuje reconfortante ver a Antonio por allí.

De trato cercano, exquisito y sincero, de forma, formal, amena, dando esa seguridad que tanto necesitas en esos momentos, dejando entrever ese aire de complicidad. De un tu a tú que te llega, con serenidad y un saber hacer, propio, avalado por largos años de experiencia y profesionalidad. Esto y mas eran nuestros matrones. En especial Antonio y Alberto, gracias a los dos.

Exploración viene, exploración va, la maquinita muestra los latidos y monitoriza sin cesar las contracciones.
De pronto te descubres embobado mirando la susodicha gráfica que sale de que aparatejo, y piensas... esas curvitas tan rítmicas y puntiagudas que venían saliendo desde hace rato están desapareciendo ¿que ocurre?

Pues ocurre que las contracciones parecen haber dado un respiro a la futura mamá que ya sube, siendo la hora de la comida, camino de la habitación. 'Te mantendremos vigilada y esta noche la pasarás aquí ingresada, mañana te monitorizamos de nuevo,pero si no vuelven las contracciones mañana por la mañana te mandamos a casa'. 'Nada de eso', debió pensar Paula desde la tripita y sin mediar palabra recuperó fuerzas y allá hacia las 8 de la noche sacóse la agujita que celosamente guardaba para sí y plas! pinchó la bolsa amniótica como quien explota un globito de aire.

Corre que te corre a buscar a las enfermeras, segundos o minutos que parecen una exageración (da la impresión de que el bebé va a asomar en cualquier momento), por fin aparece el celador y allá va la gordita, montada sobre esa enorme cama de hospital, que parecía no poder pasar por la puerta, recorriendo los pasillos de camino al montacargas.

Ha pasado tanto tiempo desde que entramos por la puerta de Urgencias que ya ni sirve mirar el reloj, ha dado tiempo a que se produzcan dos cambios de turno en el personal del hospital desde entonces, y ahí está de nuevo nuestro matrón Antonio.

Nuestra ginecóloga, ya preparada, pasa por allí, está el anestesista, las enfermeras y matrones y otras tantas parturientas ocupando el resto de boxes y Ángeles se mantiene firme, los dolores son agudos, su carita refleja el dolor que sus labios no le permiten expresar, pero está contenta, está feliz, sabe que dentro de nada tendrá a su pequeña entre los brazos y eso le da fuerzas para seguir. Yo procuro ni respirar, mantenerme allí a su lado, atento a cuanto pasa, preparado para lo que ha de venir.... todo parece listo.


Parto paterno (parte 1)


Era allá por la, ahora lejana semana 37 y teníamos ya las citas para 'monitores', esto es algo que personalmente siempre me había llamado la atención, era como saber 'un poquito más' de la pequeña, escuchar su corazoncillo, ver los ritmos cardiacos y su frecuencia, el estado de las contracciones...,saber en definitiva, que todo va bien ahí dentro cuando el nacimiento se acerca.

Nadie podía imaginar que Paula llegaría antes que cualquiera de estas citas...

Fué en un momento de duermevela, pensando en el madrugón que me tocaba, encarando el duro comienzo de semana. Ángeles no paraba quieta, me acuesto, me levanto... los viajes de ida y venida al baño eran constantes. Inflada cual pelota sobre barcas a la deriva se contoneaba en su largo ir y venir.

Recuerdo que habíamos estado fuera toda la tarde del Domingo, habíamos pasado por casa de la Beli para echar una mano con su mudanza y nos habíamos dado una buena paliza. Ya de vuelta en casa, cabezota de mí, no cesé en el empeño de dejar preparada la maleta del hospital. Era algo que habíamos estado dejando pasar por unas cosas y otras, pero ya le había puesto fecha límite y tenía que cumplir... así soy yo.



Daba vueltas en la cama, el sueño me podía y el Lunes se encaramaba sigiloso mientras una voz me decía...
'Peke, estoy manchando, hay que ir al hospital'.


Tengo carnet de conducir desde recién cumplida la mayoría de edad, y cuando llevas a una parturienta de camino al hospital poco o nada importa si llevabas casi desde entonces sin conducir. 


Meter la maleta del hospital,todavía caliente y recién terminada en el coche fué todo un shock.
¿Y si no nos hubiera dado por hacerla aquella misma tarde?...

La oscura noche se cernía sobre la carretera, la Luna dibujaba claros y sombras a nuestro paso y aquello que parecían contracciones se aceleraban rítmicamente en el tiempo. No tardamos demasiado en llegar a nuestro hospital en Alcorcón, apenas nos cruzamos un par de coches en nuestro camino.

El ambiente era sosegado e increíblemente estabamos bien (vamos, que solo estábamos 'un poco histéricos'...) 'Es muy pequeña, es que es muy pequeña' repetía Ángeles entre contracciones...

La preocupación me comía por dentro, todavía nos quedaban 21 días para salir de cuentas (casi un mes!) y la idea de que Ángeles estaba manchando me erizaba los pelos, dolores síncronos y rítmicos que aceleraban su aparición a cada pocos minutos y un mar de dudas inundaban mi mente... ¿Estaba bien nuestro bebé? ¿de verdad estábamos de parto? ¿Estaba todo bien? y otra vez nos veíamos entrando por la puerta de Urgencias...




Bienvenida a nuestro mundo Paula

29 de Noviembre de 2011

A las 00:58 horas.

Tan chiquitita... Y eras la cosa más bonita que he visto jamás. De repente ya no estabas dentro de mi tripita, estabas encima. Todavía unidas por el cordón. No te veía la carita, te veía tu cabecita y el cuerpo todo blanquito...

Que emoción tan grande, desde el minuto uno en que te ví, sentí que mi vida había cambiado, pero no te imaginas cuánto! Es como si de repente hubiese dejado de ser quién era y me hubiese convertido en la mamá de Paula, y todo adquiría un sentido diferente para mi.

Allí estábamos los tres. Mirándonos como tontos, conteniendo unas lágrimas que ahora mismo mientras escribo no puedo contener. Qué maravilla! No había nadie más allí, ni doctora, ni matrón, ni enfermeras ni nadie... Sólo los tres. Papá, tú y yo.

A los pocos minutos te llevaron a limpiarte, a realizar tu primer examen que pasaste con nota! Un 8 y un 9, toma ya!! (el famoso Apgar). Desde que naciste, ese fue el único momento en que he deseado oirte llorar. "No llora", decía yo... Y la doctora al momento me dijo "mira, no la oyes, ya está llorando". Muy bajito, eso sí, desde el primer día no te ha gustado mucho llorar; así me gusta hija, que no llores.

Enseguida te trajo en brazos la pediatra, que nos explicó que estabas perfecta y te dejaron conmigo para que Antonio el matrón, de nuevo con gran profesionalidad nos enseñara cómo teníamos que hacer para que empezases a mamar cuanto antes y vaya si querías!! abrías tu boquita todo lo que podías buscando tu leche. Que precoz mi niña.

Es como magia. Nacemos sabiendo todo lo que hay que hacer y dónde tenemos que estar. Fue como si durante millones de años te hubiesen grabado en tus genes lo que tenías que hacer.

Y entonces sucedió. Abriste tus ojazos, me miraste y te acaricié debajo de la barbilla. Y se dibujó en tu boquita la sonrisa más bonita que podré ver en mi vida, tu primera sonrisa en este mundo.


Te quiero con toda mi alma Paula.

Y llegó el día... el gran día! (parte 1)

Y como todo llega... y Paula tenía muchas ganas de conocernos, a las 37 semanas justas, y tres semanas antes de la fecha esperada, nos dio su primer aviso la princesita.

Domingo 27 de Noviembre, y tras una jornada de mudanza en casa de "la Beli" (mi abuelita que se ha mudado a Valmojado para estar mucho más cerca de todos); a las 3 de la madrugada del Lunes me era imposible dormir, me encontraba fatal y me empiezan a dar unos dolores bastante fuertes que yo confundía con retortijones... Me levantaba cada dos por tres al baño (cada vez que me daba un dolor), hasta que una de las veces vi que estaba manchando bastante, volví a la habitación y le dije al peke, "nos tenemos que ir, estoy manchando y me duele mucho". Sospechando ya que esos dolores no eran retortijones si no contracciones, empezamos a calcular los intervalos y mis nervios se pusieron a 1000 por hora, cada 6 minutos!!! Me temblaban las manos, las piernas, el cuerpo entero! no podía ni hablar. Menos mal que llamémosle casualidad o un sexto sentido, ese día cuando volvíamos de casa de la Beli, habíamos decidido dejar la bolsa del hospi preparada de una vez por todas, por lo que pudiera pasar... Y pasó! Y menos mal que el peke hizo alarde de una tranquilidad sorprendente (supongo que verme a mi en el estado en que estaba le ayudó a conseguirlo...) y cogió el coche, las bolsas, la carpeta de los médicos y a mi por supuesto (je je) y salimos pitando.

No sin antes haber despertado a la family para comunicarles que Paula estaba en camino! Mi madre me dice que no llame a mi hermana, que era muy tarde y que ya le avisará ella. Menos mal que no hago mucho caso y aún así le llamo. Mi hermana me dice que ya avisa ella a mi padre y hermano. Ricky avisa a sus papis que yo creo que con un poco de incredulidad nos recomiendan mucha calma y paciencia. Genial, ya estamos todos!!! VAMONOSSSS!!!!!

CONTINUARÁ....



Y llegó el día... el gran día! (parte 2)

Como buen aviso de parto típico, se tuvo que presentar de madrugada... Y menos mal! porque no había nada nada de tráfico y el campeón de Ricky llevó el coche como si llevase conduciendo toda la vida... Un 10 para ti amor!! Por el camino, las contracciones se iban acelerando cada vez más y eran muy regulares, creo que no había duda, Paula estaba a punto de llegar! Qué emoción, madre mía! ni siquiera puedo expresar lo inmensamente emocionada y feliz que estaba. También tenía mucho miedo; miedo porque Paula todavía era muy chiquitita y temía que algo le pudiera pasar. Todavía se me llenan los ojos de lágrimas y se me ponen los pelos de punta cuando lo recuerdo. Y es que he de decir que también tenía un poco de pena... Se acababa el embarazo, se acababa tenerla dentro de mi y a salvo de todos los males... Se acababa el sentir las pataditas por la tarde los dos, mientras alucinábamos viendo subir y bajar la tripa (como bien se aprecia en otra de las entradas del blog!) y se acababa también una de las etapas más maravillosas que he vivido y que tanto tiempo se había hecho esperar. Eran tantas emociones juntas que no tendría blog suficiente para contarlo.

Urgencias con poco trasiego, me hacen pasar casi inmediatamente, me ponen una media hora en monitores para comprobar que no hay sufrimiento fetal y ver cómo van las contracciones. Paula está un poco dormida y le tienen que dar varios empujoncitos para despertarla y ver, tal y cómo me explicó la doctora, que su ritmo cardíaco oscilaba arriba y abajo, pues así es como debe ser si ella está bien. Después de los monitores y viendo que las contracciones son leves pero regulares, la doctora me explora para ver la dilatación (estos van a ser unos de los momentos más dolorosos de todo el parto, sin exagerar!). Estoy dilatada de 1 cm., he expulsado el tapón mucoso (lo que tapona la entrada al útero y protege al bebé del exterior y de posibles infecciones) y me dejan ingresada, me darán habitación y dejará orden dada para que si no hay novedad hasta entonces, a las 8 de la mañana me preparen y me bajen a dilatación.



Salgo fuera y le cuento toda la retaila a Ricardo que ya estaba de los nervios esperando fuera, me cogen una vía y para arriba directos, ¡habitación 410!. Llamamos a la family que ya están de camino dispuestos a acompañarnos hasta el final!

Entre unas cosas y otras ya nos hemos puesto en las 6 de la mañana.


Y llegó el día... el gran día! (parte 3)

Y una vez en la habitación, todo iba pasando casi sin que me diera cuenta. Llegaron mis padres y hermanos; se notaba también que estaban emocionados e ilusionados, y no es para menos! Paulita llegaba por fin!

Yo estaba muy dolorida, muy cansada , y sobre todo nerviosa  pensando en lo que estaba por venir... Pero a su vez yo notaba que aquello se iba parando y que las contracciones ya no eran tan regulares, aunque eso sí, cada vez dolían más! Sobre las 8 de la mañana del Lunes 28, y tal como había dicho la doctora de urgencias nos bajaron a dilatación. despedida de la family que se quedan en la habitación con carita de estar pensando: "hasta pronto!! que sea muy cortito y que vuelvas enseguida con Paulita en los brazos!" Y la verdad es que sí volví pronto, pero con Paulita todavía en la barriga.

Cuando llegamos a dilatación la primera persona que me visitó en las cortinas (los boxes de la sala de dilatación son algo estrechos, lo justo para que entre la cama, la maquina de monitores y a duras penas tu acompañante) fue el matrón Antonio, que ya habíamos conocido en las clases de preparación al parto y que en varias ocasiones habíamos pensado, "ojalá nos toque con Antonio cuando demos a luz"... Y allí estaba, como caído del cielo, porque no sé cómo lo hace en esas circunstancias pero transmite mucha calma e inspira mucha confianza. Se presentó y yo le dije que ya nos conocíamos de las clases de Matronasur; me tuve que quitar el gorrito verde de plástico que te ponen nada más bajar para que por fin localizase mi cara! Me volvió a explorar, esta vez con algo menos de dolor que en urgencias pero añadiendo que poco a poco cada vez estaba más incomoda y molesta. Seguía dilatada de 1 cm., me enchufaron de nuevo a monitores y se despidió de mi porque tocaba cambio de guardia y llegaba Alberto (el otro matrón que también conocíamos de las clases) y mi doctora, María Dolores Higueras Conde.

Al cabo de una media hora más o menos, tenía pocas contracciones y bastante irregulares, pero todo apuntaba a que Paula estaba bien y eso me tranquilizaba. Alberto me volvió a explorar (de nuevo los dolores insoportables), después vino mi doctora y me volvió a explorar, uffff, de verdad que se hace casi inaguantable. Alberto pidió que me trajeran un zumo porque no había desayunado y al parecer aquello iba para largo... También me pusieron un gotero de suero glucosado a ver si Paulita se empezaba a mover más y aceleraba el proceso, pero nada. De hecho pensaron que era mejor que me subieran de nuevo a la habitación porque iba muy lenta y allí estaría más cómoda. Me subieron, y al menos allí estuvimos con la familia, más distraída y caminando de un lado a otro del pasillo de las habitaciones a ver si eso hacía que avanzáramos un poco! SEGUNDO ASALTO!!



Como detalle gracioso, decir que se me olvidaron en casa las zapatillas (algo había que dejarse...) y pedimos a mi hermana y madre que me trajeran unas y ...... qué lástima no tener una foto de las mismas! Eran negras y con unas flores bordadas un tanto "chinescas", pero aún así, eran la mejor opción; las otras eran unas botitas de borreguito con cuadros morados y negros!! Lo que te digo, digna de ver! Pero eso sí, caminando por el pasillo de arriba abajo, ¡antes muerta que sencilla!. Por cierto, creo que Ricky tenía más vergüenza que yo...

Y pasó la comida, y por la tarde volvió mi doctora para explorarme de nuevo (sí..., otra vez, que horror) y me volvieron a poner monitores y aunque había contracciones (Juan Luis tiene un vídeo que da fé de ello) no eran muy regulares y Paula seguía bien, sus latidos oscilaban, así que la doctora me dijo que me iba a dejar esa noche ingresada a ver cómo evolucionaba, pero que si al día siguiente estaba todo igual me mandaba a casa pues no había ningún motivo para acelerar el parto, ya que todavía quedaban 3 semanas para la fecha prevista y la bebé estaba bien, pero no sé por qué, yo sabía que no me iba a ir a casa, lo sentía. Y llegó la cena a las 8 en punto de la noche. Y cuando me senté en la cama y me acerqué la bandeja para empezar, sentí una contracción muy muy fuerte y una especie de "pof" dentro de mi y de repente la cama empapada.

Ahora sí, estábamos de parto.

El parto

Sí señor, había roto aguas y no me había hecho pis como se le ocurrió decir al peke!!. Y a partir de ahí empezó a ir todo muy rápido. Mi madre me dijo que no probase bocado, llamamos a las enfermeras, las contracciones empezaron a ser rápidas e insoportables; madre mía! qué dolor más grande! Enseguida me volvieron a bajar y de nuevo allí estaba Antonio! ja ja ja, había vuelto. Yo estaba atacada, asustada y con muchos dolores, me cogió la mano y me dijo "tranquila, no tengas miedo, estate tranquila que todo va a ir bien". Se agradece enormemente. Me pusieron monitores y ya no podía soportar el dolor. Me pusieron anestesia epidural, cosa que también fue bastante dolorosa y no un simple pinchacito como me habían contado...Pero ¡¡qué narices pasaba!! cada vez me dolían más las contracciones. El peke que seguía haciendo alarde de una gran tranquilidad llamó a mi doctora y al anestesista que me inyectó un chute de golpe por la vía de la epidural, y a partir de ahí empezó a disminuir un poco el calvario. También me enchufaron gotero de oxitocina porque si no, al parecer con la epidural se iban a parar las contracciones.

Cada poco tiempo iba viniendo el matrón, Antonio para ver cómo iba la cosa. Según él, también con cada exploración iba ayudando a que Paula saliera. Mientras tanto nosotros, ya un poco más calmados, íbamos mandando mensajes tanto a la familia como a los amigos para contarles cómo iba todo. Las apuestas estaban reñidas a ver si nacía el 28 o ya el martes 29... Me desconectaron la epidural porque Antonio dijo que tenía que sentir un poco la presión en la zona para saber cuándo empujar.

En una de las veces que vino Antonio, me miró y me dijo. Estás de 9 cm. vamos a ir yendo al paritorio. Madre mía! Ahora sí que sí! ya venía mi niña! Y allá que nos fuimos; eso sí, cada uno por un lado porque a mi me tenían que preparar (poner en la camilla de parto, etc.) y al papá también (disfrazarlo de enfermero, con mascarilla y todo).

Y una vez ya estábamos todos, faltaba mi doctora! Estaba en una de las 3 ó 4 cesáreas que tuvo ese día. Antonio le llamó por teléfono, "Doctora, estamos a punto". Mientras llegaba, Antonio me iba diciendo cuando tenía que empujar. Cuando en unos minutos llegó mi doctora, nada más sentarse y mirar dijo "pero bueno!, si esto ya está!" Le preguntó a Ricky si quería ver la cabecita cómo estaba saliendo; él enseguida dijo SI ! Y yo salté como un resorte "Seguro???". Por favor, lo último que necesitaba era que se fuese al suelo en ese momento. Pero no se fue, le miré y le dije: "Tiene pelo?? Es morenita? Creo que es un momento que él no olvidará en la vida... Que emoción! En tres empujones, vi cómo de repente me ponían encima una cosita chiquitita muy muy blanquita que me daba miedo hasta tocarla. La doctora dijo, "pero si es un mico" y yo miré a Ricardo a los ojos porque no me lo creía, ya estaba aquí... Él tenía los ojos vidriosos y tampoco decía nada. Ninguno decíamos nada, sólo nos mirábamos. Creo que al rato pude decir "qué fuerte!"

Eran las 00:58 del 29 de Noviembre de 2011.





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