Redecorando baby-room

Ayer mismo, esperábamos con ilusión que vinieras a conocer tu habitación que mamá y papá habían preparado con todas las ganas y anhelo, que como buenos primerizos derrochábamos día a día.

Bonita, la habitación quedó bonita, para que negarlo. Sencilla, funcional y dulce. Así la veíamos entonces.

Pero lo funcional para nosotros, resultó no serlo tanto para ti. No pensábamos ni por un momento en que durmieses allí a tu llegada, eso ya llegaría... Pero no llegó. Tuvimos una preciosa mini-cuna en nuestra habitación, pegadita a nuestra cama, que usaste en contadas ocasiones (creo que con los dedos de las dos manos, alguno me sobraría seguro...), pero tú preferías dormir y mamar sobre el pecho de mamá, o como muy lejos, a mi lado en la cama.

La habitación ha tenido su uso, para qué lo vamos a negar. Hemos pasado largos ratos tomando tetita con musiquita relajante, vistiéndote, jugando... Pero nunca durmiendo.

Y en las últimas semanas, no he parado de darle vueltas a la cabeza, leyendo y leyendo sobre habitaciones, espacios adecuados al niño en el hogar, sobre métodos Montessori y alguna que otra teoría que nos muestra cómo podemos crear en nuestro propio hogar, espacios más preparados para el desarrollo saludable de la personalidad y social de nuestros peques. Espacios en los que todo está al alcance de su mano, en los que no hay peligros al jugar, al saltar, al dormir, al hacer lo que quiera y se le ocurra, que es de lo que se trata, para que desarrollen su creatividad e imaginación, mediante el juego.

He leído mucho en fantásticos blogs, páginas web, he adquirido el libro "Aprender y jugar con el Método Montessori" de Lesley Britton (un libro que nos ayuda a traer a casa y a nuestro día a día las ideas de esta forma de entender la infancia y la educación, que está ámpliamente documentada y demostrada como óptima para los niños), que devoro noche tras noche, mientras que papá y yo nos hemos puesto el mono de trabajo, y vamos transformando tu nuevo espacio.

Y no es que para redecorar una habitación se necesite hacer un máster sobre fantásticos métodos... que no es eso... Es que mami cuando un tema le interesa mucho, cada vez va a más, y a más, y a más..., y no tiene fin. Y de un libro voy a otro, y de una web a otra, y de un tema a otro, porque francamente, me maravilla como las observaciones y reflexiones de una señora, que crearon todo un método hace 100 años, siguen vigentes reafirmándose hoy en día, con nuevos estudios e investigaciones al respecto. Y es que esta señora, "¡tenía ojo! te lo digo yo..." ;-)

Prometo plasmar con mil fotos (bueno, con alguna menos...), el fin de nuestra creación. Ya está cerca.

Lo primero ha sido crearnos una SÚPERCAMAGIGANTE de 2.40 X 2, trayéndonos y atando en el sentido más literal de la palabra (con bridas) la camita de 90 cm a nuestra cama de 1,50 m, para dormir los tres más a pierna suelta que nunca. Y de ahí en adelante, las ideas corren, la imaginación fluye y el pasillo y escalera se llena y vacía de trastos a una velocidad vertiginosa. Y hasta mamá te está pintando una mesita que estoy segura te va a encantar.

Tú, con tus risas, tus saltos, tus juegos y tus caras de alegría, nos reafirmas con creces que vamos por el buen camino.

La silla de pensar

¿Por qué no creo en las sillas/rincones/habitaciones de pensar?.

La silla de pensar es un método para castigar a los niños cuando estén llevando a cabo una conducta que nos parece inadecuada, que consiste en apartarle de la escena y sentarle en una sillita para que piense y reflexione sobre lo que ha hecho (en realidad sobre lo mal que lo ha hecho...). No deja de ser una variación con nombre más exótico y molón del clásico "time out o tiempo fuera", que no es otra cosa que retirar al niño del lugar en el que se encuentra cuando se "está portando mal" y tenerle en otro lugar durante unos minutos, que según lo establecido, (por algunos psicólogos que no piensan como yo...), ha de ser 1 minuto por cada año de edad.
Creo que esta entrada la empezaré por el final, por decir que la conclusión es que me parece cruel, humillante, ruín y de la mínima empatía, apartar a un niño indefenso, por el artículo 33 (por muchas explicaciones y razones que le des) cuando NOSOTROS creemos que se ha equivocado o que ha actuado mal.

Hace no mucho oí a una mamá como contaba que a su hijo de dos años le habían pegado en el cole y que la cuidadora le había dicho que son cosas que pasan a esa edad, y que al otro niño lo habían enviado a la "sillita de pensar", pero claro no había que olvidar que sólo tenía 20 meses...


En fin, mis ojos un día van a salirse del lugar que ocupan, de tantas y tantas aberraciones
que oigo y presencio.



Y el motivo de que me ha llevado a escribir sobre esto es que, aunque a la pequeñina le queda aún un curso más en la guarde, últimamente no sé muy bien por qué, me planteo muchas veces cómo va a ser el cole de Paula después de esta etapa, qué tal se adaptará al cambio, qué tipo de enseñanza les darán, cómo resolverá su profesora determinadas situaciones o conflictos, etc.

Por fortuna no lo utilizan en la clase de mi hija. Me consta que cuando algún niño pega, muerde o en definitiva molesta a los demás, lo apartan directamente de ese otro niño o del juego en ese momento. Limando un poco las formas, lo prefiero así. Me parece más adecuado no permitir, en el sentido más físico de la palabra, que un niño pegue a los demás, (y sí, no permitir aunque esto signifique que te tengas que poner en medio a modo de parapeto y simplemente digas, "No, eso no está permitido") que mandarlo a pensar en no sé qué narices creen que va a pensar en una silla y apartado.

Y dicho esto, ahora sí, diré las razones por las que esta práctica me parece una mala idea. Seguro que hay tantos motivos para no usarla, como personas en el mundo estén en desacuerdo. Todas ellas igual de buenas, seguro. Las mías, desde un punto de vista personal y también como psicóloga (...porque hay más psicología infantil después de Super Nanny...) son estas:

- ¿Por qué entrar en valoraciones?. ¿Por qué dejarle sólo pensando que algo está mal, si a lo mejor para el niño está perfecto?. Pegar, tirar un jarrón y romperlo, sacar las cosas de los armarios, son conductas que a casi todos nos pueden parecer que "están mal" o son inadecuadas. ¿Seguro?... Si logramos ponernos por un momento en la mente de ese niño, seguro nos podría dar mil y una razones por las que esas conductas están requetebien!. Mejor mostrarle y enseñarle poco a poco las consecuencias de sus actos, y las cosas que en determinados contextos no debería hacer porque pueden molestar a otros.

- ¿Castigado a pensar?... Esto no merece ni comentario. Reflexionar, pensar, valorar, NUNCA debería ser un castigo.

- Cuando se sienten en la silla, rincón o habitación de aislamiento a pensar, ¿de verdad a alguna mente inteligente se le ha ocurrido que van a reflexionar sobre su conducta y lo mal que han actuado, y se levantarán convendidos de que no deben volver a actuar así?... Es muy inocente creer que el niño va a pensar en positivo él solito. Yo creo que muy al contrario, su cabreo se acrecentará, tendrá rabia contenida, enfado, y los pensamientos que llegan a la mente bajo esos estados no suelen ser muy buenos...

- Lo más normal es que generemos tristeza y frusración en el niño. Sensación de abandono, de incomprensión y de ser juzgado. Yo al menos, no es lo que quiero que mi hija sienta, por muy mal que se haya comportado.

- El castigo no enseña nada bueno, no es ninguna lección en sí mismo. Castigan las personas que se encuentran en una posición de superioridad sobre otras, ya sea física o emocional. Así que lo que estamos dejando claro forzándoles a sentarse a pensar, es que nuestra posición con respecto a ellos es de superioridad, que nos deben obedecer sin cuestionar, y que no importa lo que piensen, siempre que actúen como a nosotros nos gusta.

- El camino a seguir ante una conducta inadecuada, creo que debe ser de acompañamiento, de diálogo, de comprensión y apoyo. Somos sus acompañantes y cuidadores, no sus jueces.

- Aunque la técnica funcione, no dejarán de hacer lo que sea que haya generado el castigo porque piensen que está mal, o que las consecuencias no son deseables, muy lejos de esto, dejarán de hacerlo por miedo al castigo, y por evitar ese mal rato. Una vez más, no estamos enseñando nada.

- Encuentro un riesgo bastante grande en educar a los niños bajo un sistema de recompensas y castigos, (ya hablé de ello aquí), y es que no estamos fomentando el desarrollo de la responsabilidad. No les hacemos responsables de sus conductas, somos nosotros en último término los que dirigimos qué hacer y qué no hacer. Y esto, me parece sumamente contraprudecente si queremos que se conviertan en adultos responsables de sus actos y consecuentes.

Es más fácil y rápido corregir, enseñar mediante el castigo y los premios, modificando poco a poco la conducta y personalidad que los niños van mostrando. Pero, sin duda, a mi me parece que vale la pena invertir tiempo (mucho tiempo, es cierto), ilusión, y fuerzas en enseñar y educar desde la libertad, desde el diálogo, desde el ejemplo, acompañando en todos los momentos con empatía, teniendo siempre en cuenta el momento de desarrollo en el que se encuentre el niño, valorando hasta dónde le podemos pedir, hasta dónde pueden llegar a comprender. En un futuro todo ese amor y comprensión estoy segura que dará sus frutos. Y entonces vendrá el tiempo de cosecha, el tiempo de recoger todo ese amor y empatía.



Los niños, el baile y los Cantajuegos

Recuerdo que antes de tener a Paula, cuando mis compañeras y amigas me hablaban de las bondades de los archi-conocidos cantajuegos, a veces pensaba... "¿No hay planes mejores para compartir tiempo junto a los peques que ponerles delante de la tele a embobarse con las canciones y bailes del dichoso grupito...?.

Bien, no es que me desdiga de aquello. De hecho, no me gusta que los niños se emboben durante horas delante del televisor, ordenador, móvil o cualquier otro aparato que sustituya a papás, mamás, y en general personas de carne y hueso, árboles, pájaros, nubes, piedras...

Sólo es, que ahora he descubierto el otro lado, o lo he visto desde otro prisma. Papá Burbujita se hizo con todos los discos que tienen en el mercado (y con alguno que otro que no tienen en el mercado y que alguien se ha encargado de disfrazar de cantajuego cuando la realidad es de lo más alejada..., pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento...), y aunque en un principio pensamos, "mi niña es muy pequeñita todavía para bailes y canciones, no creo que esto le guste y le divierta", como veíamos que en la guarde, de vez en cuando, les ponen esas canciones de fondo y hacen bailecitos en corro (los que saben y pueden), decidimos probar en casa, a ver su reacción, si le hacía gracia, si le interesaba...

¡La sorpresa ha sido mayúscula! Se divierte ella, nos divertimos nosotros, bailamos juntos, cantamos, hacemos el gusanito, la tortugina... Vamos, toda una estampa. Me encanta verla reir a carcajada limpia, viéndome hacer la tortuga, la trompa del elefante, dando palmas o cuando la cojo en brazos para bailar el patio de mi casa.

De repente, me encuentro regresando a ratos a mi niñez, bailando y cantando con y para mi gordita viejas canciones por las que parece que no haya pasado el tiempo. Ella mueve las manos , imita los gestos que hacen los personajes que aparecen en cada canción,  balancea y sube y baja la cabeza al ritmo de la música, mira los dibujos y niños que aparecen en pantalla, y sobre todo mira a su mami que no para de hacer el tonto para ella!.

Me gusta que se divierta y que disfrute con la música y el baile. Recuerdo cuando yo era una niña, y lo que más me gustaba del mundo, era pasar una tarde entera saltando de un disfraz a otro, micrófono en mano, fabricado por mi misma con un boli que llevaba pinchada en su punta una bola de papel de aluminio, cantando e inventando bailes. Sentaba a mi madre en el patio de butacas, o lo que es lo mismo, en el sofá, y ¡a disfrutar del espectáculo!. Allá que aguantaba ella, mirando a su hija organizándole festibales.

El baile ha formado parte de mi vida desde bien pequeña, sobre todo de mi infancia y adolescencia (hice ballet durante más de 10 años) y se convirtió para mi en una pasión. Además, creo que es muy enriquecedor.

Y a raíz de todo esto, se me ha venido a la cabeza una introducción que Pablo Motos hizo en el hormiguero hace unos meses sobre la imposibilidad de ser infeliz mientras se canta y se baila.



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Parece ser que cuando se baila y se canta, y en general ante actividades relajantes y placenteras, el cuerpo se relaja, además de segregar determinadas hormonas que hacen que nos sintamos en definitiva, mejor. Y por extensión, nuestra mente también. Sería algo así como que no podemos romper la diada cuerpo-mente. ¡Si el cuerpo es feliz, la mente es feliz!. Esta afirmación lo simplifica mucho, pero todo tiene su explicación.

Las endorfinas son unas sustancias (péptidos opioides endógenos, o lo que es lo mismo, que fabricamos nosotros mismos de forma natural), que utilizamos de forma inconsciente para atenuar el dolor y/o producir una sensación de bienestar. No en vano son conocidas como las hormonas de la felicidad, y de alguna forma recompensan todo lo que es bueno para la salud, la del individuo y la de la especie, es decir, recompensan actividades que aseguren el mantenimiento de la especie, (el amor, el sexo, comer...).

Y haciendo un inciso respecto a este último punto. La lactancia materna es una de las conductas que producen un aumento considerable de nuestras endorfinas... Interesante al menos, verdad?.

Se trata de un sistema de adaptación que amortigua el dolor: sin ellas un simple roce sería doloroso; por eso el ejercicio físico incrementa su producción. Pero también recompensa lo que es bueno para la salud, el bienestar y la armonía, o el mantenimiento de la especie: el amor, el sexo, la lactancia materna, comer. Es un sistema que premia la “creación de lazos” ya sean amorosos, amistosos, familiares o sociales. El contacto piel con piel aumenta su producción: es la base del “sana sanita” con que las madres “curan” a sus niños. La sensación de euforia del enamoramiento o el estado de bienestar tras el orgasmo son ejemplos de un “pico” en la producción de endorfinas. A ellas se debe el placer que produce la contemplación de la belleza, el contacto con la naturaleza, la risa.  Extraído del artículo "Endorfinas, la droga legal" de Isabel F. del Castillo.

Dicho todo esto, sobre un tema que daría para unos cien mil post más o menos..., creo que el baile además de todo lo anterior tiene grandes beneficios para los niños. Yo lo he comprobado durante años, y ahora echando la vista atrás, lo puedo corroborar.

El baile ayuda a los niños a perder la timidez, a adquirir seguridad en sí mismos, confianza y autoestima. También ayuda a liberar tensiones, conocer y controlar nuestro cuerpo. Además se estimula la memoria, el oído, el sentido del ritmo... Sin contar otros beneficios para la salud como fortalecer los músculos, combatir el sobrepeso, eliminar toxinas...

Si hablamos en concreto del ballet, que fue la actividad que yo realicé, a todo lo anterior le podríamos añadir un montón de cosas, como la disciplina física y mental que exige y enseña, el desarrollo de la sensibilidad permitiendo expresar sentimientos y movimientos con total libertad, corrección y eliminación de malas posturas, aumento de la elasticidad, adquisición y mejora del equilibrio y los reflejos... Y un sin fin de beneficios más que le podríamos encontrar, aunque por otro lado, siempre he pensado, que es una actividad que implica también sacrificio y mucha disciplina, por lo que sólo se debería llevar a niños o niñas que verdaderamente tengan el gusto de hacerlo, y no por el gusto de los papás... ;-) todo hay que decirlo.

De momento, y para empezar, nos va bien con los Cantajuegos. Los usamos como juego grupal en casa, y lo pasamos de maravilla, aprendiendo las canciones y los bailes. Me parece una buena forma, y muy divertida de iniciarse en el gusto por el baile, el movimiento, y la música. Les invitan, mediante la imitación, a participar de los gestos, los bailes, las canciones, cuentos y juegos.

Y si además liberamos endorfinas y nos hacemos más felices, ¡qué más se puede pedir!. ¡A bailar!



De los Premios y Castigos

Llevo varios días con algo rondando en la cabeza que necesitaba escribir.

Desde que Paula empezó la guardería, hemos observado que casi todos los días traía en una de sus manitas un sello de tinta, de esos infantiles con diferentes dibujitos.

Yo siempre le pregunto por ello (obviamente ella no me contesta...), y le digo "¡Qué divertido, te han puesto un sello, qué bonito Paula!".

Ella me mira, sonríe, se señala su manita, parece que le hace gracia la cuestión...

El caso es que hace no mucho, al ir a buscar a la peque, y como siempre suelo hacer charlando un rato con su educadora, comenté algo sobre los sellos que llevaba en sus manitas habitualmente, y lo divertido que debía ser para ellos cuando jugaban con ellos. Me quedé sorprendida porque me dio a entender que no era algo que hicieran habitualmente, si no siempre. Y que todos los días ponían un sello a los niños que se habían portado bien.

¿En serio?????... Pensé yo para mis adentros, porque si en ese momento lo pienso para afuera, quizá hubiese dicho cosas muy feas. ¿Y eso no se podría considerar una forma de castigo...?. No es más que un premio para los grandes afortunados que se han portado bien, y un gran castigo para los pobres que "se han portado mal" y tienen que ver como a sus compis les estampan el dichoso dibujito de colores que mostrarán orgullosos a mamá y papá, mientras ellos se quedan con tres palmos de narices mirando...

No soy partidaria de educar a base de premios y castigos. No me parece una forma adecuada. No haces entender nada al niño, nada bueno al menos, desde mi punto de vista. Es muy rápido, es eficaz a corto plazo y puede incluso que te resuelva en determinados momentos, alguna situación conflictiva. Aún así, yo no lo usaría, ni quiero que se use con mi hija... Prefiero que Paula no haga regir su conducta por un sistema de recompensas y castigos establecido. Prefiero que encuentre sus propios premios o castigos en lo que hace. Que entienda por qué es mejor actuar de un modo u otro, en vez de hacerlo para conseguir algo a cambio.

A su edad, todavía es imposible que entienda nada de esto, tampoco lo espero. Y también sé que a veces es inevitable e inconsciente premiar o castigar, con nuestras caras, con nuestros gestos, con palabras que creemos inocentes incluso, la aprobación social también es un premio o un castigo para ellos. Entiendo también que es ¡entre complicado e imposible! divertir y pasar un día en paz y armonía con un grupo de niños tan pequeños y que tienen sueño, mocos, hambre, cansancio, que añoran a papá y mamá, ... pero eso no es excusa para intentar controlar su conducta de ese modo, porque los premios y castigos no son más que eso, una forma de control que ejercemos los adultos.

Como decía,  a corto plazo puede que funcionen, puede que incluso más fácil que enseñarles a pensar en ello. Pero todo eso se esfuma con el paso del tiempo. Así los niños nunca aprenderán a reflexionar y a pensar por sí mismos sobre lo que es bueno o malo. Siempre dependerá de nosotros, del adulto que decide por ellos lo que está bien y lo que está mal, en vez de guiarle y enseñarle el por qué y las consecuencias de sus actos.

Como digo, sé que es muy difícil, mucho más que utilizar las recompensas y los castigos. Pero a la larga es más fructífero, de eso no me cabe ninguna duda. Y en cuestión de educación, creo que merece la pena pensar e invertir a largo plazo ¿no?.

Al margen de todo esto, lo que más me cabrea de esta historia, es que Paula ha venido últimamente varios días a casa sin sello alguno... Y por supuesto, lo primero que ha asaltado mi mente es, ¡¿qué narices puede hacer una bebé o niña de 15 meses para portarse mal?!. Es que no se me ocurre nada que mi hija pueda hacer que alguien pueda tachar de mal comportamiento.

No me quiero poner trascendental ni metafísica, pero ¿qué es portarse mal?. No estarse quieta y sentada mientras la profe canta una canción o cuenta un cuento, dejarse la comida en el plato, chillar, llorar, tirar juguetes al suelo... No me puedo creer que estemos hablando de niños de entre 1 y 2 años.                                                                                                                                                                                     

Creo que en parte, el problema es que algunos adultos quieren que los hijos, los alumnos, los sobrinos, nietos... hagan las cosas "porque lo digo yo", porque yo soy el adulto y el que sabe cómo hay que comportarse. Adultocentrismo que lo llaman algunos por ahí... Una forma de educar que se ha ido transmitiendo de generación en generación, y que debemos dejar atrás y empezar de nuevo.

En estos momentos, y sin que tuviese relación alguna con el incidente de los sellitos, estoy leyendo el libro de Naomi Aldort, "Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos". Es una maravilla en cuanto a este tema. No lo he acabado y me gustaría escribir algún post sobre él cuando lo termine. De momento, y si tuviese que resumirlo todo en una frase, sería sin duda "Ponte en su lugar". ¿Hay algo más sencillo y más difícil a la vez?.

A mi personalmente, el castigo me parece una falta de respeto, una forma de educar basada en el miedo y no en la libertad. Y ojo, educar en libertad no significa "NO EDUCAR". Si aprendemos a respetar a lo que nos rodea, los límites nos los pondremos nosotros mismos, allá donde pudiésemos interferir en la libertad de los demás.


                            

Educación emocional en el útero- Redes

Siempre que puedo veo el programa Redes, suele tratar temas que me interesan mucho. El que adjunto a continuación se llama "Educación emocional desde el útero materno". Lo emitieron en el mes de Marzo y me pareció buenísimo.

Según el prestigioso médico obstetra francés Michel Odent, las mayores atenciones a la embarazada deberían centrarse en su salud emocional. Aquí nos enseñan entre otras cosas cómo el nivel de cortisol en la madre (la hormona del estrés) puede atravesar la placenta y afectar al bebé; cómo el estrés en el momento del parto puede afectar a la vida futura.

En definitiva, incide en la importancia de cuidar el estado emocional de la mamá y el bebé, desde sus primeros momentos, y de las consecuencias de no hacerlo.

Deberíamos pararnos un momento a pensar qué es lo verdaderamente importante en nuestras vidas y qué necesitamos de verdad para ser felices y hacer felices a los nuestros. Deberíamos parar un momento la rueda a la que nos subimos hace tiempo y que nos lleva a una vida de estrés y consumo, y aprender a disfrutar de algo tan maravilloso como el embarazo y la crianza, pero disfrutarlo de verdad, cada momento y cada detalle, y ponerlo en la parte más alta de nuestras prioridades. Será en beneficio de nuestros pequeños y por tanto en beneficio de un futuro mejor.

Merece la pena verlo.





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